LA SIRENA DE LAS ESCAMAS DE ORO

LA SIRENA DE LAS ESCAMAS DE ORO

                                      María Ángela Pacheco

Qué bueno pensar que las sirenas si existieron. Como la leyenda de la sirena de escamas de oro, cuyo mito traspasó mares y continentes, permaneciendo así en las mentes de los que formaron parte de su fantástica historia.

Tradicionalmente debería comenzar este cuento por “había una vez”, sin embargo, esta historia comienza desde tiempos aún más antiguos.

Antes de que surgieran los primeros hombres, los grandes mares eran dominados por unas criaturas mitad mujer y mitad pez, Ellas con pieles blancas y tersas poseían unos ojos azules semejantes al del mismísimo océano, sus cabellos largos danzaban al ritmo de las corrientes saladas, tenían una esbelta figura y su belleza era casi insuperable.

|Mientras el reloj inexorable del tiempo pasaba y la tierra se transformaba, estas mitológicas criaturas daban paso al surgimiento de un ser complejo y depredador, que con el paso de las lunas dominaría con el toque de su mano y de su inteligencia todo aquello que tuviese vida. El hombre había llegado para gobernar la tierra.

Las sirenas atrapadas en esa cadena evolutiva se vieron enfrentadas a un declive fatal pues su especie se extinguía. Ellas se avejentaban e iban muriendo una a una sin lograr hacer nada para impedirlo. No se vislumbraba una solución inmediata, sin embargo, un día recordaron la existencia de la más vieja de las sirenas, quien dentro de su gran sabiduría podría hallar la solución a tan penosa situación.

Contaba la leyenda que aquel pez arcaico habitaba en la profundidad del más tenebroso de todos los mares jamás creados por Dios. Decidieron por unanimidad nadar y bajar para buscar a aquella añeja criatura dorada. Las doce sirenas escogidas para esta misión serían guiadas  y comandadas por Sécora, una sirena sabia y competente.

Para la travesía alistaron toda clase de provisiones y herramientas necesarias para la defensa, habían oído de la presencia de monstruos amorfos y feroces que habitaban aquellas oscuras aguas. Decididas, las sirenas iniciaron  la marcha. Al bajar la temperatura descendía a sus perores límites y las sombras lo cubrían casi todo. Los peces iban desapareciendo y solo criaturas extravagantes  se divisaban a su alrededor.

A lo lejos vislumbraron unas temibles y gigantescas serpientes de las cuales surgían centelleantes resplandores. Sécora, a pesar de ser la más tranquila de todas, quedó aturdida al ver los colmillos enormes que sobresalían de las bocas de aquellas alimañas, no logró evitar imaginarse a sí misma dentro de las gargantas de aquellos reptiles. Aterradas las demás sirenas imaginaban su fatal destino.

La más pequeña del grupo salió de su silencio, y articuló:

−Disculpen… ¿Podría decir algo?

De pronto Nora, la una altiva sirena alzó su voz para responder:

−Irka, no estamos de humor para escuchar tus fantasías.

−¡No son fantasías! −Replicó la pequeña dirigiéndose a Sécora.

−Aunque ella sea joven e inexperta le concedo el derecho de opinar –replicó la jefe de la misión,  y seguidamente con un gesto le concedió la palabra a la joven.

Irka dando un paso al frente comenzó a hablar:

−Cierta vez que nadaba justo a las Islas del Sur, le oí comentar a una bruja marina, que nosotras las sirenas teníamos el don de someter con nuestros cánticos a cualquier criatura viviente por grande o pequeña que esta fuese, y que sólo aquellas sirenas que tengan la capacidad de amar verdaderamente podrán hacerlo. En un principio creía que era un mito, pero por más loco que parezca he logrado que algunos peces naden y dancen al ritmo de mi canto, quiero aclarar que nunca lo he intentado con criaturas tan feroces y  de semejante tamaño.

Sécora pensativa solicitó inmediato silencio.

─Muéstranos Irka el maravilloso don del que hablas.

Bastaron unos pocos segundos para que de su garganta comenzara a salir un cántico de una belleza y sonoridad absoluta logrando que los pequeños peces que estaban a su alrededor quedaran suspendidos ante el sonido cadencioso de la melodía.

De repente una especie de rayo les centelleó frente a sus ojos, y unos aullidos invadieron estas profundidades acuáticas. Asustadas las sirenas que habían quedado ciegas nadaban de un lado a otro tropezándose entre ellas, pero Irka haciendo gala de su potente voz logró controlar poco a poco la situación. La luz cegadora disminuyó y esto hizo que las aturdidas sirenas recobraran rápidamente la visión. Ya más calmadas lograron observar a lo lejos a las serpientes gigantes que con sus grandes aletas y sus colas larguísimas levitaban como anestesiadas por el sedante más potente jamás creado. Eran algo más de veinticinco víboras mal contadas, cuyos rostros retorcidos y momificados liberaban resplandores cargados de una tenebrosa maldad.

Detrás de ellas se veía una amplia jaula cuadrada que estaba cubierta de algas diminutas  y de muchos colores.

─Allí está la gran sirena vieja ─gritó  Séfora.

La antigua sirena de escamas de oro en medio de la confusión nadaba estrellándose contra los barrotes. Gran cantidad de sangre verde le salía por la nariz y por la boca.

─¿ Qué pasa? ─aullaba la vieja afanosamente, ─las Tortuosas apenas vuelvan en sí  me van a matar.

─Tranquila, mientras no dejemos de cantar nada te va a pasar ─le comunicó Séfora a la antigua sirena─ enseguida te liberaremos y te llevaremos a nuestra ciudad.

Como un rayo dejó de hacerse daño, y ya más calmada asintió con la cabeza dando permiso al plan trazado por sus congéneres.

El pretérito ser llevaba casi trecientos años enjaulada y sumida en la más absoluta soledad. Ella envejecía día tras día sin poder escapar de las serpientes de dientes afilados, lo único que la mantenía con deseos de vivir era el recuerdo de su adorada hija, arrebatada al nacer. ¿Dónde y cómo estaría hoy, qué habría sido de ella, estaría viva? Los recuerdos la atormentaban y ante la ausencia de su hija, lloraba sin cesar. Esas lágrimas derramadas se convertían en finísimas y luminosas perlas nacaradas, perlas que se deshacían y se convertían en la arena del fondo del océano.

El secreto de la existencia de aquellos seres mitad mujer y mitad pez estaba en manos de una sirena de sangre verdosa. Pero la historia se complicaría, al saber que para alcanzar su meta tendrían que salir a la superficie, y convertirse en las leyendas que por miles de años las describieron.

CONTINUARÁ……….

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2 comments on “LA SIRENA DE LAS ESCAMAS DE OROAdd yours →

  1. Bueno que chévere, final abierto. La atmósfera está adecuadamente creada, me imaginé en esas aguas tenebrosas y extrañas. Además una historia infantil o juvenil, con cierto dejo de misterio, que podría enganchar a cualquier niño como yo. Queda por verse ¿Cuál es el secreto que guarda la mas vieja de las sirenas? ¿por que estaba en esa jaula y quien la encerró? ¿Los humanos atacarán? ¿Cómo se reproducen las sirenas si solo parecen ser del genero femenino? ¿Son las sirenas escamosas también al hablar? Parecen ser muchas las expectativas de esta historia.

    1. Gracias Ariel por tus comentarios, estos me animan para seguir escribiendo. Pensé que iba a ser más fácil escribir un cuento para niños, pero no lo fue tanto, hay que ser muy detallista en el lenguaje, hay que saberlo adaptar al tipo de lectores, confieso que aquí patiné un poco. Lo dejé en continuará para más adelante resolver el camino de este relato. Quedaré pendiente de continuarlo. Un abrazo.

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